Moving time  10 timer 10 minutter

Tid  en dag 8 timer 11 minutter

Koordinater 14114

Uploadet 23. januar 2018

Optaget januar 2018

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2.155 m
1.148 m
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27
54
108,66 km

Vist 673 gange, downloadet 8 gange

tæt på Puente Nacional, Santander (Republic of Colombia)

Me siento magnéticamente atraído a los nuevos lugares y experiencias como el agua de la cascada, deseando besar el suelo y poder seguir su curso, porque la vida continúa y el agua se estanca y se marcha en vapores con los rayos del implacable sol, sí está se detiene. De esa manera y como hábito maligno, salgo casi a medio día con un “Qué le vaya bien y me trae algo” de mi hermano Juan. Ya sabía que el lugar escogido sería nuevo a mis ojos y tan sólo descargaría la guía de rutas pasadas que dejaron mis amigos Julián González, a quien vería a mi paso por Güepsa, algunos minutos después de salir de casa y Oscar Upegui, quien alguna vez cruza estas tierras como yo, en busca de nuevos lugares para alimentar el alma.

Agradezco a ellos por marcar esos caminos y sólo me queda seguir poco a poco, mientras el sol quemaba con más fuerza en pleno medio día de aquel sábado, intentando fallídamente que me retracte. Las cañas de azúcar tenían preparada una danza especial casi eterna, con la música del viento, luciendo ese verdor esmeralda, que brilla con el astro rey y todo se aliñaba con el aroma de la miel procesada en panela que viajaba en el aire naciente en los molinos. Llego a Güepsa y allí me esperan Julian y un buen almuerzo y luego el ascenso por caminos ya conocidos hasta casi llegar a San Benito, aunque desvío y hago inmersión en aquellos valles de caña de azúcar que a lo lejos parecen grandes mantos de parches verdes cocidos por el arduo trabajo de quienes aquí lucen su existencia.

Poco a poco abandono tierras bajas y de nuevo subiendo montañas el paisaje me deslumbra con su inmensidad, el sonido del viento, los pájaros y la grandeza de la vista que se perdía en horizontes lejanos de montañas, rayos de sol y nubes, me animaban a seguir mientras llegaba una hora mágica para mí, llamada así en un libro encantador titulado La Hora del Ángelus. El atardecer estrellaba sus tonos naranjas y rojos en toda montaña, árbol y camino que se le atravesaba, pintando todo de una calidez exquisita. De esa manera después de casi toda esa tarde y de ascensos que me recordaron los de la capital del pueblo Arwhaco, Nabusímake, por su alta pendiente y dificultad, llego por primera vez en mi vida al pequeño y apacible poblado de La Aguada, donde hasta las puertas de la iglesia lucen cerradas y por habitante me saluda el silencio, tan despreciado por algunos cuando le rompen con cualquier basura sonora. Sí no tienes algo bueno para decir, mejor no digas nada y aplica también para la música y de l ruido en general. Si algo bueno no ha de sonar, qué no suene nada.

Sí el silencio os hostiga y os hace temerosos por su causa, mejor aquí no arribéis nunca, pues aquel enemigo vuestro llamado silencio, que comienza por haceros pensar hasta cambiaros, sin que podáis volver a ser los mismos, aparecerá sin aviso y os cubrirá con su manto. Las casas coloniales y sus escasas pero impolutas calles me saludaban, además de la señora, que se sorprende cuando no le creo que la guarnición de la cena que engalana la yuca y el arroz, se basa en sólo tomate y cebolla, debido a su increíble sabor y aroma; otro de los alicientes que me atraen de aventurar, es probar estos manjares para que el alma se sienta viva una vez más. -“A mí no me queda, cuando cocino, con ese gusto tan atractivo, con tan solo cebolla y tomate, a mí no me engaña señora”, haciéndola reír con mi respuesta a su pregunta del por qué allí me encontraba y reprochando el lugar que la acogió por años, con un:

-“La Aguada sin agua, San Benito sin santo y Guacamayo sin un solo pájaro de esos”, ¿Qué lo trae por aquí?
-Pues ahora qué lo pienso, su comida, sin duda y era cierto, qué manjar.

Un paisano, quien conduce la línea de transporte de Barbosa, hasta aquí, se encuentra conmigo en aquella fonda donde la leña arde, para matar el hambre de quien entra y ya cuando la noche aparece y con un viento terrible que cala los huesos, emprendo huida a la Paz, luego de brevemente saludarle; un nuevo destino que me espera, sin importar la hora de llegada. Las subidas en trocha juegan a ser infinitas y mi cuerpo ya siente este flagelo de subir y subir sin parar. Todo se compensa con la luna que muestra tímida parte de su rostro en creciente, las estrellas que titilan y compiten con la luz de los pueblos a lo lejos, un poco más debajo de ellas, confundiéndose en aquella oscuridad aterciopelada. Mi lento pedalear avanza aún más y escucho unos gritos de una mujer, con tintes espantosos en la distancia y me hacen dudar, más que en continuar, en saber de qué se trata el alboroto que rompe con el sonido de las ranas y grillos a esas dos horas después de haber caído la espesa noche. Al final, era una joven dama con algunos guarapos en la cabeza, que hacía con su canto exagerado, estallar en carcajadas a su burlesco y jocoso público, entre tanda y tanda de las peleas de gallos. Una humilde gallera que entretenía a las gentes que luego de una semana de trabajo forzado, se refugiaba en todo este anaquel de esparcimiento qué va desde el tejo, los gallos, la música de despecho y por su puesto el buen amigo el guarapo.

Pronto desaparece aquel cielo estrellado y un rocío me asusta haciéndome caer en súplica y silencio, para que no lloviera, mientras seguía en duro ascenso. Mi padre diría que era un simple “espanta flojos” y efectivamente, así fue, volviendo a ver las luces en lo alto, de los astros que me guiaban y aquella creciente, poco después, respiré aliviado, conquistando por fin aquella cima y divisando mi destino a lo lejos, como una mágica pléyade de luces que disipan el cansancio y me catapultan montaña abajo, casi sin tocar los frenos a una velocidad inusual y atrevida en plena noche. Cuando llego, exhausto, intento pasar un resalto donde comienza la calle asfaltada y me devuelve la bicicleta sin casi impulso, como negándome la entrada al anhelado pueblito, porque mis fuerzas estaban eclipsadas después de tal periplo nocturno.

Todo se compensa al llegar y sentir una cálida bienvenida amistosa y cordial. Una querida amiga me esperaba, para al día siguiente, luego del soñado descanso, mostrarme el atrayente albor de esta población que hace honor a su nombre, por la paz que se respira y por las blancas fachadas de sus casas y grande iglesia que con su torre, intenta atravesar el azul del cielo con su cruz de plata. Al ser breve la compañía, por el prolongado y necesitado descanso, he emprendido también casi a medio día mi abandono de este lindo lugar. Estaba decidido a continuar la ruta y devorar lo más rápido posible, los asfaltados 70 kilómetros restantes hasta mi hogar, pero estos viajes traen sorpresas y desviándome al último y álgido momento de esta pequeña travesía, encuentro maravillado el Hoyo del Aire y su inmensidad hace metamorfosis en mi espíritu espantando mi vértigo mientras me inunda la felicidad. Las palabras se quedan cortas y se tornan inapropiadas para describir, tal manifestación apoteósica de la naturaleza y con un agotador sol que me hace besar cada sombra en el camino, me regreso agradecido de haber conocido este increíble paraje.

Lo mejor aún estaba por llegar, pues poco después de regresar y terminar el último ascenso hasta de nuevo saludarme con la vía central y asfaltada que al final me llevaría a Chipatá, me encuentro con mis amigos Julián González, con quien ayer me saludaba en Güepsa, su linda novia Claudia, su hermana Luz Mi con quien ya había emprendido viaje a la tierra de mis ancestros, la vereda San Dimas https://es.wikiloc.com/rutas-mountain-bike/vereda-san-dimas-la-tierra-de-mis-ancestros-septiembre-2016-14650698 y varios amigos de Güepsa y Moniquirá que los acompañaban y quienes intentaban arreglar una cadena que poco después estallaría y haría que quien montaba esa bicicleta, corriera en los ascensos, bicicleta en mano, para llegar descendiendo rodando, donde el camino lo permitiera. “No quisiera estar en sus zapatos”, pensé. Me gustó y me alegró el corazón este encuentro pues tal vez ni planeado saldría y decidí cambiar mi ruta para regresarme con ellos a Güepsa y de nuevo visitar el Hoyo del Aire, a donde ellos aún no habían llegado.

Poco después y por no hacer bien un cambio, ya en el regreso, el tensor al estar en el piñón más grande y cercano a la rueda, se enreda caprichosamente con los rayos de la bicicleta, frenándola en aquel descenso vertiginoso vestido con rocas sueltas, que esperaban ansiosas mi caída, la cual no se hizo esperar y así dolorosamente ver como mi bicicleta, quedaba inservible para dar un pedalazo más. Al ponerme en píe, limpiando la sangre y el polvo de mi pierna y hombro derechos, no tuve más remedio que intentar zafar la cadena y el tensor sin éxito alguno y mi amigo Julián se devuelve preocupado para auxiliarme y así poder habilitar la bicicleta, cómo la de aquel amigo al que poco antes, le sucedía algo similar y que no tenía más remedio que caminar en los ascensos y rodar en los contrarios. A mí me tocaba algo similar pues en vez de trotar, sólo cojeaba y rogaba por un descenso más que me impulsara. Ya todos se fueron y me hallaba solo en tal empresa de avanzar, dolorido por los golpes corporales y emocionales al ver mi bicicleta deshecha.

Al final de los ascensos, y el inmenso verdor de un paisaje grandioso, me encuentro en un lugar fantástico que me hace olvidar todo el percance y con una buena rodada de más de 8 kilómetros en descenso, llego a la Quebrada de Don José, paraje hermoso y encantador, que con sus pozos naturales, su casa en madera con hamacas y sus bellos patos, loros y pavos reales, estaba perfecto para ser el fin de este periplo por estas tierras dulces de caña y gente buena. Don José, con sus cabellos blancos, su música de los Relicarios y su sonrisa octogenaria, llena de vida, me ofrece un plato de comida y varias bebidas, para recordarme que ese día el almuerzo fue ausente, por el hambre que se pintaba en mi cara. Aquel lugar distante pero paradisiaco en donde la señal del móvil no se atrevía a molestar, me haría prometer volver, mientras que el hijo de mi nuevo amigo llegaba en su motocicleta, para llevarme a Güepsa y así evitar que Julián cumpliera su promesa de recogerme, teniendo que conducir por más de una hora, hasta aquel lugar. Me subo a la motocicleta y en cuestión de cuarenta minutos, atravesando los cultivos de caña que horas antes divisaba desde lo alto, ya me hallaba saludando a mis amigos que me esperaban en plena noche con una sonrisa y la alegría hasta de Hazard, el gran perro y bonito compañero de Julián, que se paraba a saludarme, mientras su dueño me obsequiaba un grupo completo de bicicleta nuevo, idéntico al mío para reponer el estropeado por el accidente. Sorprendido y agradecido, el saludo y regreso con ellos a mi casa en su carro.

Sí me preguntan qué si haría de nuevo una travesía así, sin importar la caída, el daño de la Libélula y los percances para llegar a casa, sin duda diría, “sí, por supuesto que sí”, cómo cual ser es masoquista y loco a los ojos de los demás, pero para sí mismo se siente vivo y alejado de una tediosa y aterradora quietud en un frío sofá. Todo fue perfecto, maravilloso y digno de ser un gran suceso de aprendizaje. Después de aquellos paisajes y encuentros con gente entrañable que reconforta con su apoyo y sonrisa, todo ha valido la pena.
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Guepsa Santander

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Caña de Azúcar en San Benito

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Cañón Del Espino

Sacred architecture

La Aguada Santander

Municipio Mirador de Santander
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Gallera

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Primera vista de La Paz

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La Paz Santander

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Hoyo del Aire

Waypoint

El Increíble Encuentro

Con amigos todo es mejor
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Regreso al Hoyo del Aire, por Placa huellas

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Hoyo del Aire

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Comenzando el Descenso

Al fondo, Suaita Santander y cultivos infinitos de caña de azucar
Bro

Quebrada de Don José

6 kommentarer

  • Foto af Oscar Upegui

    Oscar Upegui 26-01-2018

    Excelente relato Amigo, no falto la caída en esta buena travesia, que al final Ayudara a recordar con más detalle cada duro pedaleo, cada gota de sudor y cada alegría que de una u otra forma borran los malos ratos y dejarán en la memoria el más preciado recuerdo, para mencionar y compartir por siempre esta bonita experiencia cargada de bonitos paisajes y espectaculares parajes de esta Bella Región, Gracias por mencionar me en la crónica y gracias por compartir esta buenisima ruta acompañada de bonitas fotos y una muy buena narración, que más parece un escrito de un buen poeta.
    Saludos Compañero y sigue compartiendo buenas rutas adornadas con buenas palabras.

  • Foto af DXMARIUS

    DXMARIUS 26-01-2018

    Pues hombre gracias por la ruta porque me animé a hacerla por la suya y la de otro gran amigo. Me ha sido muy útil y confirma la razón de esta belleza llamada Wikiloc

  • Foto af ciclomuisca

    ciclomuisca 01-02-2018

    Que relato emocionante, espero recorrer mi tierra santandereana que tiempos no visito; una pregunta ¿al hoyo se puede descender?

  • Foto af DXMARIUS

    DXMARIUS 01-02-2018

    Buenos días mi amigo ciclo muisca espero que se encuentre bien, aquí en Santander bienvenido para cuando quiera visitar los lugares destacados. Desde el municipio de Vélez cruza por Chipatá Y unos 5 km antes de la Paz Santander se desvía hacia la derecha por unos ramales y placa huellas. Aunque la carretera termina unos 300 m antes del punto llamado hoyo del aire, se puede dejar la bicicleta en el primer mirador y descender a pie por un camino de no más de 30 m o si usted desea puede bajar con la bicicleta aunque la subida es un poco Tortuosa por lo que es necesario cargar la bicicleta por un corto trayecto. Puede también hacerlo en este sentido de esta ruta desde el municipio de La Paz desvía A la izquierda a tan sólo 5 km del casco urbano; es un lugar espectacular que vale la pena conocer y visitar. Cuando venga me avisa y hacemos el recorrido.

  • Foto af ciclomuisca

    ciclomuisca 05-02-2018

    Anotada en las favoritas, DXMARIUS muchas gracias por la información.

  • Foto af diegono

    diegono 16-09-2018

    Que buenos paisajes y esa manera con la que contas tu aventura le ponen un poco de magia a la crónica.
    Saludos

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